Hay algo cuando voy a por mis resultados que me dice que no comience con la medicación. Creo que se llama…
Hay algo cuando voy a por mis resultados que me dice que no comience con la medicación. Creo que se llama miedo, se llama realidad, se llama asumir… y aunque lleve cuatro años con el VIH, creo que aun no me lo creo del todo.
Esta claro! No se va a inventar la vacuna contra el virus VIH en estos próximos tres meses hasta mis siguientes pruebas. Antes o después empezare con la medicación, pero prefiero estar muy seguro, prefiero que al menos cuatro o cinco resultados me digan que tengo que empezar. Menos glóbulos blancos, más carga viral (pero tanta como he tenido alguna otra vez) y menos CD4 (aunque el % esta elevado)… Resultados al fin y al cabo.
Los indices apuntan a comenzar. En Sandoval me recomiendan comenzar y mi cabeza sabe que tendré que comenzar.
He dejado otros tres meses y nuevos resultados, de nuevo en la consulta leeré en la hoja de mis resultados: “el paciente decide…” y de nuevo me quedare en blanco.
Tal vez estos días de cambios me haya parado a observar un poco mas el entorno en el que me muevo y la coraza haya dejado pasar algo de aire… Me he dado cuenta de nuevo de lo poco que me gusta hablar de mi mismo. Me he dado cuenta una vez mas de cómo a los demás les gusta empezar casi todo con comparaciones sobre ellos mismos y como el “pues YO” se cuela en tantas frases.
No entiendo el motivo de la gente de compararse, de mostrarse y demostrarse como son… O como quieren ser. O como quieren que los demás les vean.
Algunas veces me siento algo aislado al no tener esa necesidad de autoexposicion, de no llenar conversaciones de mi mismo, de mis “problemas” o historias… Y tras varias horas tomando un café o cenando, hay personas que son capaces de no haberte preguntado por nada de tu vida, de haber llenado cada silencio de esas horas con su propia vida con su “YO” inmenso y terminas por desconectar y asentir para abreviar ni entrar en cosas tan nimias que ni entiendes.
Nos despedimos y deberías haberle cobrado 120 euros, 60 euros por hora de consulta. Si hubiera tenido delante otra persona igual su conversación hubiera sido un intercambio de propias vivencias donde la empatía huye a cuatro patas. También doy fe de esas conversaciones.
No necesito contarte mi vida y cada vez me gusta menos no encuentro consuelo en contar mis miserias a nadie, sean del tipo que sean… ya he perdido la costumbre de que a alguien le interese de verdad… Y tampoco quiero una conversación trascendental cada vez que quedo con alguien. Pero me he convertido en un gran oyente al que le cuesta hablar de si mismo.
Será que no se lo que quiero, que soy un poco “erizo” que me paso de raro o de poco sociable. Pero mi tiempo vale mucho para mi y me gusta compartirlo bien. Contigo que muchas veces no hablas de nada y contigo que me vapuleas verbalmente en cada conversación y llegas donde nadie sabe llegar.
Saber lo que necesito en cada momento me permite elegir a quien quiero ver para compartir mi tiempo, siempre y cuando ellos también quieran prestarme un poco del suyo…
Dime por donde se acuestan cada dias las estrellas, dime por donde la luna nos deja cuando aparece un nuevo dia, dime donde se marchan las amapolas después de la primavera y donde estaba escrito que dibujarías mis dias de motivos llenos de ti y le darias tanto sentido a vivir, a compartir, a querer. Hace ya mas de un par de años de la ultima hecatombe en mi vida y desde entonces ha transcurrido en orden ascendente, aunque con un poso algo mas duro, algo mas maduro… que ya no he podido volver a quitarme de encima.
La patina de niebla que lo cubría todo se ha ido con la asimilación y sin darme cuenta algunos dias se me olvida suspirar hondo cuando recuerdo que tengo mi sangre invadida, ya que simplemente no lo recuerdo.
La esperanza a que un dia al recoger las pruebas me pidan perdón por ese gran error se han esfumado y los controles periódicos se suman en el calendario, como otras fechas a tener en cuenta.
No tengo demasiado miedo, no mas del que le puedo tener a otras cosas, pero no puedo pensar en el posible miedo a todo. Ademas esa palabra: MIEDO, no me gusta nada. Bastantes sentimientos guardo por aqui dentro… RABIA/ODIO… y ni eso se merece la persona que me contagio.
Ayer se ha muerto la madre del amigo de un amigo. Sin que nadie se lo esperara. Y sin tener caducidad llega un día y te vas. Sin ninguna enfermedad previa, sin síntomas, sin dolores… sin haber agarrado la vida por donde tenias que haberlo hecho y ya demasiado tarde para arrepentimientos o cambios. Tantas veces el miedo llena nuestras vidas, tantas veces construimos miedos en los que escondernos. El VIH en muchos casos sirve de escudo, de escondite, de agonía… o te sirve de motivo, te llena de fuerzas, te da ganas.
No tengo una época especialmente positiva y algunas veces cuando respiro no entra todo el aire que necesito. He dado libertad a mi cabeza para dejarse llevar por ideas o pensamientos nada favorables, el cuerpo le ha acompañado y entre los dos me han dejado varias semanas fuera de juego y sin demasiadas ganas. Pero mi optimismo y mis fuerzas andan por ahí y las estoy buscando.

La muerte y la vida. Hay vida antes de la muerte? Estamos preparados para irnos? Viviremos la siguiente vida en consecuencia de nuestros actos actuales o de otras vidas anteriores? Estamos pagando algo de otra vida? No tengo ninguna respuesta, ni siquiera se si lo que escribo es una autentica chorrada… pero doy libertad para que la gente crea en lo que quiera. Hay quien cree en Dios, en Buda, en Belén Esteban… yo creo en lo que vivo e intento creer en mi y buscar donde esta la vida que quiero vivir porque el día que me vaya no quiero que la reseca muerte no me encuentre vacío y solo sin haber hecho lo suficiente.
Cinco hombres de San Francisco con un tipo raro de neumonía por ‘Pneumocystis Carinii’ levantaron las primeras sospechas. Casi al mismo tiempo otros jóvenes y homosexuales con sarkoma de Kaposi (un tipo de cáncer propio de personas inmunodeprimidas) encendieron ya todas las alarmas. Era junio de 1981 y ellos los primeros pacientes infectados por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).
El patógeno, desconocido por aquel entonces, se extendió por todos los países casi tan rápido como el miedo y el rechazo hacia quienes lo padecían. Fueron años de incertidumbre, de silencios y reproches, de soledades. “Primero lo negamos, quisimos dejarlo pasar, después cundió el pánico y llegaron las dudas sobre cómo hacerle frente. Y en los últimos tiempos nos hemos instalado en la complacencia”. Así resume James Curran, la persona que lidió con los primeros casos y tuvo que hacerse cargo de la situación desde los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), la evolución de la pandemia de sida, que hoy afecta a más de 33 millones de ciudadanos.
No demasiadas veces mi cabeza me permite no recordar que soy VIH, y me descubro a mi mismo sin pensar en ello para darme cuenta que sigue conmigo. Es como un pensamiento en stand by, siempre está ahí esperando, siempre es compatible con otras ideas en segundo plano, siempre se hace un hueco cuando me quedo en blanco.
No sabría definir el sitio que ocupa en mi cabeza, ya he dejado de suspirar cuando me invadía la incertidumbre y he aprendido a encajarlo en su repisa dentro de mis ideas, en esa repisa no hay nada más, no se con que puedo clasificarlo…
Ya ha pasado un año y medio y poco a poco la niebla en que rodeo mi vida al comienzo algunas veces es tan fina que puedo ver en algunos momentos la felicidad cuando viene y aunque no tengo motivos para no ser feliz, esa niebla está metida en lo más profundo de algún sitio donde nunca he estado y no se llegar para sacarla.
Mi cuerpo en este tiempo ha mejorado por fuera y por dentro, he encontrado nuevos caminos, nuevas opciones y he perfeccionado su cuidado en algunos campos… sigo abandonándome cuando lo necesito…
Y si alguna mañana se me ha olvidado, recibo todos los días una alerta de Google con todas las noticias del virus… algunos días las leo y algunos otros las borro directamente porque no tengo tiempo… poco a poco se normaliza en mi cabeza el significado de esas tres letras, poco a poco asimilo y ya no me asusto de recibir un email que pone: VIH.
De entre todas las vidas puede que esta no sea la que siempre haya pensado en tener, pero desde luego de no haber tenido esta no hubiera pensado en esas otras y de haber tenido otra puede ser que entre las que quisiera tener estuviera esta. Paradojas, inconformismos, realidades o verdades. No valorare mi vida desde ningún punto, ya no me da tiempo a ser astronauta ni director de un complejo hotelero en una isla aislada, tampoco podría asegurar cual ha sido el mejor momento de mi vida, en mi caso casi nunca cualquier momento pasado fue mejor y confío de una forma extraña en el futuro y en tiempos mejores… De vez en cuando el virus me recuerda que el pasado fue mejor sin él, y en este presente su realidad de vez en cuando me altera.

Y en un momento paseando por la calle me cruzo con dos, tres, cinco… personas. Tal vez una tarde y tres cafés no sean suficientes para intentar entender la vida según alguno de ellos, para escuchar sus problemas, su infancia feliz o infeliz y su adolescencia llena de miedos o complejos. Tal vez en una semana llena de cafés pueda empezar a entenderle y desde luego no estoy yo por la labor de ponerme a conocer a todo el que pasa por la calle, pero me hago pequeñito cuando miro a los ojos a tanta gente anónima para mi en aeropuertos, estaciones e intento navegar en sus expresiones, en las arrugas de su cara e intento imaginarme cual es el motivo de sus penas y alegrías. Tantas historias como personas, terribles, felices, angustiosas o tremendamente románticas y afortunadas.
Dicen que la gente que esta contigo en esta vida ha desempeñado otro papel en torno a ti en vidas pasadas, no se si habrá vidas o vendrán otras, interactuamos entre quienes nos importan y muchas veces sus vidas llevan nuestro tiempo… tantas vidas y tantas historias.
Conoces a alguien que siempre diga “Soy feliz” ?¿ Nunca he conocido a nadie que se considere demasiado afortunado ni demasiado feliz, la felicidad no puede ser por demasiado tiempo un estado, son momentos que debemos aprovechar, pero una vez escalada la montaña buscamos otra y no disfrutamos de la felicidad de haber llegado a la cumbre…
Mi infancia no fue demasiado feliz, en mi adolescencia viví en los problemas de mis padres, me fui de mi ciudad sin saber que necesitaba alejarme para encontrarme a mi, mis miedos, mis metas, mis limites y todo aquello no demasiado afortunado vivido tiempo atrás me dio la fuerza y la decisión para formar aquel presente, pensaba que nunca me llegaría a arrepentir de nada que hiciera si lo llegaba a hacer. Me equivoque también.
Con el único poder de mi palabra escribo en este Blog, cargado de un virus que me ha enseñado otra vida y tan dispuesto a aprender, escuchar y entender como nunca lo estuve antes, porque ahora también aprendo de vosotros que me hacéis llegar vuestra palabra y me contáis vuestros días, vuestras noches, vuestros miedos… y si pudiera dedicaría mis días y mis noches a tomar café con vosotros, para poder escuchar ese dolor que no sabéis como hacer salir, para quitarle importancia a la vida y saber que cada cosa bella que nos muestra es mas bella aun por poder recordarla mucho tiempo.

El tiempo pesa mucho cuando no pasa, cuando aunque en tus navidades haya muchas luces ninguna te ilumina, cuando no pasa nada de tu vida normal y te ves atrapado en una vida que no reconoces. De nuevo tuve que huir, desaparecer sin explicar demasiadas cosas… no encontré en esa otra persona a quien había dejado, solo había una persona con la que quería compartir y estar y ya no estaba. la aleje.
Un día por la tarde diste la vuelta a la esquina en la salida del gimnasio… nos re-encontramos, y al verme sonreíste. Pasamos el resto de la tarde hablando, charlando… Me hablaste del dolor inmenso que arranque en ti al irme, te hable sin que entendieras del vacío inmenso al alejarme de ti… de haberme convertido en alguien a quien no reconocía. Poco a poco volvimos a vernos.
Tan solo que me miraras, tan solo observarte y mis lágrimas arrancaban de felicidad al estar a tu lado de nuevo, al sentirte cerca, al sentir el olor de tu piel. Yo sabia que el amor estaba ahí, yo estaba lleno de él.
Yo había vuelto en busca de una mínima parte de aquello que sentimos una vez. Tan grande. Pero el miedo volvía de otra forma diferente y perderte era la posibilidad en cada segundo.
Te invite a Granada… había demasiados motivos para ese viaje, había algo que nos reclamaba de nuevo, y nos besamos, y recorrimos nuestros cuerpos, pero siempre con mi cuidado… yo sabia que no era positivo, pero me faltaba una prueba.
Me acobarde y no te lo pude decir, preferí ser precavido y esperar a mis pruebas… pensé que me odiarías si había esa posibilidad, si me había ido con otra persona y encima volvía con la variable del VIH…
Y entonces empezó la procesión por dentro… la precaución, mi miedo de perderte cada día, el miedo a equivocarme cada día, las ganas de que todo lo vieras bien, que me escucharas, me entendieras y supieras que todo había sido un error… aun no tenia pruebas ni resultados…



