Hay algo cuando voy a por mis resultados que me dice que no comience con la medicación. Creo que se llama…
Hay algo cuando voy a por mis resultados que me dice que no comience con la medicación. Creo que se llama miedo, se llama realidad, se llama asumir… y aunque lleve cuatro años con el VIH, creo que aun no me lo creo del todo.
Esta claro! No se va a inventar la vacuna contra el virus VIH en estos próximos tres meses hasta mis siguientes pruebas. Antes o después empezare con la medicación, pero prefiero estar muy seguro, prefiero que al menos cuatro o cinco resultados me digan que tengo que empezar. Menos glóbulos blancos, más carga viral (pero tanta como he tenido alguna otra vez) y menos CD4 (aunque el % esta elevado)… Resultados al fin y al cabo.
Los indices apuntan a comenzar. En Sandoval me recomiendan comenzar y mi cabeza sabe que tendré que comenzar.
He dejado otros tres meses y nuevos resultados, de nuevo en la consulta leeré en la hoja de mis resultados: “el paciente decide…” y de nuevo me quedare en blanco.
Cada vez que me siento en esa silla para escuchar los resultados de mis últimos análisis, el mundo se hace un poco mas pequeño.
Esta vez ha vuelto a pasar, pero las palabras que recomendaban el inicio del tratamiento acompañaron a ese sentimiento y no es la primera vez que sucede… hace mas de un año me lo aconsejaron, pero al repetir los análisis salieron bien de nuevo.
Ese es el motivo que me lleva a repetirlos en Marzo, aunque la tendencia es a la baja.
Ya llevo tres años VIH positivo en mi sangre, infectado de un virus que no debe estar ahí porque yo no debía estar con esa persona en ese tiempo. Me imagino que la historia de cada infectado es similar, pero… y si tome todas las precauciones en su momento?
Con los años he abandonado la tortura de esta pregunta y me he limitado a asumir en silencio, pero por mucho que asuma nunca estaré del todo preparado para el día que inicie la medicación, sera otro escalón que hay que subir sin mirar.
“avanza soltando velas aplastando las defensas por tus venas…”

Al lado de mi casa hay un campo con forma de solar vacío, si solo miras una parte es como un trocito de pradera silvestre… Pues bien, poco a poco y según va llegando la primavera cada día tiene mas flores rojas por todas partes, pequeños puntos de color que se mueven según dicta el aire de cada día, sin mas importancia y totalmente desapercibidas. Seguro que nadie las elegirá como motivo de una foto ni tan siquiera escribirá sobre ellas.
Montones de amapolas despuntan entre otras muchas flores y con su color rojo destacan en belleza sobre las demás, creo que las amapolas no tienen olor… Tal vez alguien puso ahí esas semillas por todas partes, tal vez algún pájaro o alguna mariposa hizo bien su trabajo y trajo esas flores de algún remoto lugar, tal vez nazcan de forma espontánea porque nadie se pregunta nunca que hacen ahí y cuando llegue la excavadora para plantar un edificio de nueve pisos nadie las recordara.
Es curiosa esta vida tantas veces, algo tan simple como un campo plagado de amapolas nos recuerda que no siempre tenemos que crear la belleza para encontrarla, que no todas las plagas deberían ser malignas y deberíamos redefinir la palabra plaga y que no fuera sinónimo de enfermedad… Esas amapolas que llenan de belleza sin ser demandadas me recordaron que yo también tengo una plaga y no necesito puntualizar ya que esta vez si es sinónimo de enfermedad, una plaga de VIH en mi cuerpo que yo tampoco demande… Pero como las amapolas me muevo al dictado de la vida y no permitiré que se acerque ninguna excavadora.
